Samuel Navalón a hombros en una gran tarde en Valencia
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El ambiente de las grandes citas se respiraba desde primera hora en Valencia. Colgado el anhelado cartel de «No hay billetes» para uno de los platos fuertes de esta Feria de Fallas 2026, la expectación era máxima. Sin embargo, en una terna donde figuraban dos máximas figuras del toreo actual, fue la arrolladora juventud de Samuel Navalón la que terminó llevándose el gato al agua, demostrando que el relevo generacional está llamando a la puerta con muchísima fuerza.
Vestido de blanco y oro, Samuel Navalón venía a justificarse ante su afición, y vaya si lo hizo. Su primer oponente, tercero de la tarde y de nombre «Casero» (negro burraco, de 576 kilos), fue un gran ejemplar de Victoriano del Río que a la postre sería premiado con la vuelta al ruedo.
Navalón lo entendió a la perfección, dejando un quite por chicuelinas vibrante y una faena de muleta rebosante de entrega y valor. Hubo temple por el pitón derecho, pasajes al natural de mucho calado y un final arrollador con circulares invertidos y desplantes a cara descubierta, despreciando tela y acero. Un inoportuno pinchazo antes de la estocada dejó el premio en una oreja con fortísima petición de la segunda.
No se dejó ganar la pelea en el cierraplaza. Ante el sexto, un toro de buena condición, el espada volvió a derrochar ambición y firmeza, logrando arrancar un segundo trofeo que le abría, de par en par, la ansiada Puerta Grande.
La cara opuesta de la moneda la vivieron sus compañeros de terna, en una tarde de escaso rodaje para ellos.
Alejandro Talavante pechó con un lote dispar. Arrancó su segunda faena de rodillas, intentando calentar unos tendidos que venían fríos tras un primer turno silenciado. Dejó destellos, como alguna arrucina marca de la casa que despertó el entusiasmo, pero la faena careció de vuelo y continuidad ante un animal que acabó rajándose. El mal uso de los aceros (dos avisos) sentenció su paso por Valencia con un doble silencio.
Por su parte, Andrés Roca Rey no pudo reeditar los triunfos a los que nos tiene acostumbrados. Ante el primero de su lote, un toro justo de fuerzas al que cuidó a base de delantales sin forzar, derrochó tesón pero falló con la espada, escuchando una ovación tras dos avisos. Ante el deslucido quinto, la faena fue un quiero y no puedo; se estrelló contra un animal imposible de meter en la muleta, resolviendo la papeleta con oficio pero siendo silenciado.
Fotografías : Plaza de Toros de Valencia.
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