La sangre de Gerpe y el valor seco de Espada marcan la áspera tarde de Palha en Las Ventas
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Regresaba el mítico hierro portugués de Palha a la monumental de Las Ventas en la tradicional cita torista de finales de abril. Y lo hacía trayendo bajo el brazo esa dureza y exigencia que no perdona errores, pero lamentablemente escasa de esa bravura entregada que permite el triunfo rotundo. Fue una tarde gris, de lidias a la antigua, de tragar paquete y de sudar cada muletazo frente a un encierro que, en líneas generales, no ofreció las facilidades que exige el toreo moderno.
Sánchez Vara: El valor del oficio
Abrió cartel el incombustible Sánchez Vara, un torero que conoce las asperezas de este tipo de encastes como la palma de su mano. Lo demostró desde el primer momento, yéndose a portagayola a recibir a su cinqueño primero con una hombría digna de elogio. Tras una lidia inteligente y un tercio de banderillas solvente, pese a que el animal embestía con la cara por las nubes, estructuró una faena basada en el temple y el oficio, pasándolo por ambos pitones y robándole muletazos de mérito. Saludó una ovación. Ante su segundo, un animal de embestida bronca y deslucida, el alcarreño no pudo sino justificarse y machetear con torería. Terminó haciendo las labores de lidiador total al tener que estoquear al sexto toro por el percance de su compañero.
Francisco José Espada: Firmeza y entrega
El madrileño Francisco José Espada llegaba con la intención de dar un golpe en la mesa, y dejó patente su valor seco y sin aspavientos. A su primero, de Palha, le costó encelarse en los engaños. Espada estuvo firme, intentando llevarlo cosido a base de tesón en redondo, pero el animal se paraba y medía tras el tercer pase. Saludó desde el tercio. Lo mejor de su actuación llegaría en el quinto, un imponente remiendo de Couto de Fornilhos con mucho cuajo y seriedad. El toro tuvo nobleza y repetición en sus inicios, aunque a menos. El de Fuenlabrada hilvanó una labor meritoria, muy asentada en la arena, aguantando miradas y consiguiendo los muletazos más redondos de la tarde por el pitón derecho y pases de pecho de profunda factura. Pese a una estocada que hizo guardia y requirió un segundo intento, el público le reconoció la entrega con una cariñosa ovación.
Luis Gerpe: La cara más amarga de la Fiesta
La nota dramática sobrevino en el sexto. Luis Gerpe ya había demostrado una encomiable voluntad frente a su primero (tercero de la tarde), un toro totalmente deslucido y sin raza alguna con el que porfió sin recompensa, silenciándose su labor. Pero el cierraplaza fue un animal mansurrón, avisado y con peligro sordo que se quedaba muy corto. En un momento de la faena, el toro hizo por el espada al pasar la muleta, prendiéndole de mala manera y propinándole una fortísima voltereta. Ya en el suelo, el animal volvió a hacer por él, infiriéndole varias heridas. El matador toledano fue trasladado rápidamente a la enfermería, dejando encogido el corazón de los más de doce mil espectadores que poblaban los tendidos.
Fotografías : Ángel Huéscar.
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