La improvisación y la caricia: Talavante y Ortega dibujan una tarde de emociones en Castellón

Última actualización: 21 de marzo de 2026Por

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El extremeño sella su rotunda capacidad inventiva paseando dos orejas, mientras que el sevillano, que cortó un apéndice, dejó pasajes de un toreo despacioso y caro ante un encierro de Hermanos García Jiménez.

Castellón esperaba con máxima expectación el rematado mano a mano que cerraba el fin de semana en la Feria de la Magdalena. Alejandro Talavante y Juan Ortega, dos conceptos diametralmente opuestos pero igualmente necesarios, frente a frente. La imprevisibilidad genial del extremeño frente al clasicismo aletargado y rítmico del sevillano. La tarde no defraudó, dejando patente que la tauromaquia necesita tanto del arrebato como de la caricia. El encierro de Hermanos García Jiménez, de presentación correcta, tuvo nobleza en líneas generales, aunque exigió temple y toque preciso para no descomponer sus embestidas.

Alejandro Talavante: El genio al natural

Abrió el festejo Alejandro Talavante saludando a un primero noble pero justo de fuerzas. El pacense tiró de suavidad y de esa muñeca prodigiosa que posee para afianzar al animal. Faena medida, cimentada en el pitón derecho, donde hubo series en redondo con ajuste, pero fue en un final por luquesinas, marca de la casa, donde el público calentó motores. Una estocada entera le valió la primera oreja.

El tercero tuvo mayor movilidad y transmisión. Aquí se vio al Talavante más arrebatado. Comenzó de rodillas en los medios, pasándose al astado por la espalda con un escalofriante farol. La obra creció en intensidad al natural, donde enganchó las embestidas con los vuelos para llevarlas largas y por abajo. Hubo improvisación, cambio de manos y remates por abajo que crujieron los tendidos castellonenses. La espada, esta vez algo defectuosa, dejó el premio en ovación.

Con el quinto, el más cuajado del envío, el torero extremeño sacó todo su repertorio. Arrimón sincero cuando el toro se aculó en tablas y una serie soberbia, encajada y rotunda, sobre la diestra. Tras pasaportar al animal, paseó una segunda oreja que garantizaba el triunfo numérico.

Juan Ortega: El tiempo detenido

Juan Ortega venía a Castellón a ralentizar el tiempo, y lo consiguió por momentos. Su primer oponente, segundo de la tarde, fue un animal enclasado pero soso. El sevillano dejó un ramillete de verónicas de seda, mecidas, ganando terreno hacia los medios. En la muleta, la faena tuvo pinceladas de toreo caro: muletazos sueltos, despaciosos, componiendo la figura con naturalidad y sin estridencias. Una estocada de efecto rápido le sirvió para pasear una oreja.

El cuarto fue el toro más exigente del mano a mano, desarrollando sentido pronto. Ortega no pudo confiarse en ningún momento. Lo intentó por ambos pitones con firmeza, pero la deslucida condición del astado impidió cualquier lucimiento estético. Mató con prontitud y fue silenciado.

Cerró plaza un jabonero que apuntó buenas maneras en el capote, permitiendo de nuevo disfrutar del primoroso saludo capotero del trianero. La faena de muleta fue un canto a la torería, con series de derechazos donde el pecho acompañó el viaje del animal y remates por bajo llenos de enjundia. Cuando la faena parecía encaminarse al triunfo grande, varios pinchazos previos a la estocada diluyeron la petición, siendo obligado a saludar una fuerte ovación desde el tercio.

Corrida de Toros : Mano a Mano.
Castellón :
Entrada : Más de media plaza.
Toros : Domingo Hernández.
– Alejandro Talavante : Silencio, Ovación y Silencio.
– Juan Ortega : Ovación tras aviso, Silencio y Silencio tras aviso.
Sobresaliente : Chapurra.

Fotografías : Toros Castellón.

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