Triple puerta grande en Cuenca
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La tarde del 26 de agosto en Cuenca se convirtió en una celebración del toreo en su máxima expresión. Con la plaza rozando el lleno, el cartel se presentaba con Daniel Luque, Fernando Adrián y Pablo Aguado, sustituyendo respectivamente a Roca Rey y Morante de la Puebla. Los toros, bien presentados, pertenecían a la ganadería de Román Sorando.
Fernando Adrián fue el gran protagonista. En su primera faena, al segundo de la tarde, mostró temple, entrega y una conexión total con los tendidos. Inició de rodillas y cerró igual, con una estocada certera que le valió las dos orejas. Pero fue con el quinto, “Batidero”, un colorado de 541 kilos, donde alcanzó la cima. El toro embistió con clase y bravura, y Adrián lo toreó con profundidad y elegancia. La faena fue tan rotunda que el presidente sacó el pañuelo naranja, concediendo el indulto. El madrileño salió a hombros con cuatro orejas y un rabo simbólico, consolidando su idilio con Cuenca.
Daniel Luque, sustituto de Roca Rey, tuvo una tarde de contrastes. Su primero, inválido, le dejó sin opciones. Pero en el cuarto, mostró su dominio absoluto. Faena de poder, de cercanía, de muletazos ceñidos y una estocada fulminante que le valió dos orejas. Luque demostró por qué es uno de los toreros más sólidos del momento.
Pablo Aguado, en lugar de Morante, dejó su sello de torería. El tercero fue complicado, pero logró momentos de gran estética por el pitón izquierdo. En el sexto, un toro de gran calidad, Aguado bordó el toreo lento y profundo, con verónicas mecidas y muletazos de gran plasticidad. Cortó dos orejas y salió también en volandas.
La corrida fue un éxito rotundo. Ocho orejas y un rabo simbólico, tres toreros por la puerta grande y un público que vivió una tarde para el recuerdo. La Feria de San Julián se apuntó así uno de sus capítulos más brillantes.
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