Todos a hombros en una gran tarde en Manizales
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La Monumental de Manizales vivió el sábado su día grande. Con los tendidos abarrotados y esa atmósfera eléctrica que solo se respira en la capital de Caldas, la terna ofreció una tarde de alto voltaje taurino. Si el jueves Marco Pérez salió entre lágrimas, el sábado salió a hombros junto a un Daniel Luque que impartió una lección de tauromaquia total. Luis Bolívar, el ídolo local, no se dejó ganar la pelea y puntuó tirando de raza.
Daniel Luque: La perfección técnica y el duende
Lo de Daniel Luque en Manizales fue un tratado de cómo se torea. En su primero, un toro de Caicedo con mucha clase pero las fuerzas justas, Luque aplicó su «medicina»: suavidad, temple y unas muñecas de seda. Lo llevó a media altura, cuidándolo, hasta que el animal rompió a embestir. Faena de orfebre premiada con una oreja de peso.
Pero el lío gordo llegó en el quinto. Un toro encastado, exigente, que pedía el carné de matador. Luque no dudó. Lo sometió por abajo con un poderío insultante, obligando al animal a seguir la muleta arrastrada por el albero. Las «luquecinas» finales pusieron la plaza boca abajo. Estoconazo en la yema y dos orejas sin discusión. La Puerta Grande se abría para el de Gerena por la vía del magisterio.
Marco Pérez: Del infierno al cielo en 48 horas
El joven Marco Pérez venía con la espina clavada de su fallo a espadas del jueves. Y se la sacó con rabia y torería en el tercero de la tarde. Le tocó en suerte un toro bravo y alegre de Juan Bernardo Caicedo. Marco lo recibió con largas cambiadas de rodillas, declarando intenciones. Con la muleta, el salmantino armó un alboroto: inicio explosivo de rodillas en los medios y series ligadas con una transmisión brutal. Esta vez, la conexión con los tendidos fue total. Entró a matar o morir, dejando una estocada entera que hizo rodar al toro sin puntilla. Dos orejas incontestables y la plaza coreando su nombre. Había vuelto el niño prodigio.
En el sexto, un toro más deslucido y mirón, Marco intentó repetir la hazaña, pero el animal no tenía fondo. Aún así, regaló naturales sueltos de bella factura. Hubo petición de oreja que el palco, con buen criterio, no concedió, quedando todo en una fuerte ovación.
Luis Bolívar: La dignidad del rey de Manizales
Luis Bolívar jugaba en casa y se notó. Abrió plaza con un toro noble que se apagó pronto. Bolívar estuvo técnico y aseado, saludando una ovación. La verdadera dimensión del caleño se vio en el cuarto, el toro más complicado del encierro, que soltaba la cara y buscaba los tobillos. Bolívar tiró de oficio y raza, aguantando parones y sacando muletazos donde no los había. Una estocada de efecto rápido le valió una oreja que supo a premio a toda una trayectoria de defensa de la fiesta en Colombia.
Fotografías : Plaza de Toros de Manizales.
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