Talavante, Rufo y Marco Pérez cincelan su nombre en La Joya Levantina

Última actualización: 11 de agosto de 2025Por

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El primero de Luis Algarra fue recibido por Alejandro Talavante con verónicas de pausa lenta y cadencia, como quien mide el tiempo con la yema de los dedos. El paso por el peto fue sutil, y el extremeño quitó por ceñidas chicuelinas, con sabor y ajuste.

Con la muleta, Talavante inició por alto, con mucho gusto, marcando el tono de una faena que pronto se vio condicionada por la justeza de fuerzas del astado. El toro tenía clase, pero sin transmisión, y el torero apostó por una faena de media altura, pulseando y sometiendo en la medida que el animal lo permitía. Fue una faena de cirujano, de buen pie, de torero que sabe sostener lo que se cae. Los derechazos fueron profundos y hondos, con expresión serena y temple. Faltó chispa, pero sobró torería.

Con la espada, dejó un pinchazo y una estocada entera. Oreja, premio a la inteligencia, el gusto y el temple de un torero que supo leer al toro y escribir sobre él con suavidad.

El segundo de Luis Algarra, bien armado y de seria presencia, fue recibido por Tomás Rufo con verónicas largas y profundas, de trazo limpio y expresión firme. En varas, José Antonio Barroso dejó un buen puyazo, medido y en el sitio. Rufo se dispuso a brindar al público, pero el astado, indiscreto y con genio, interrumpió el gesto. El toledano resolvió con estatuarios de categoría, y tras dos series de poder, retomó el brindis, cerrando el círculo con torería.

La faena tuvo mucho voltaje: hondos derechazos y largos naturales que llegaron con fuerza a los tendidos. El toro, bravo pero con querencias, comenzó a buscar la salida conforme avanzaba la faena. Rufo lo llevó a contraquerencia, tapando la fuga con la muleta siempre puesta, en una labor de torero inteligente y firme. Con la espada dejó dos pinchazos y una estocada baja. Ovación con saludos, por una faena de intensidad, temple y dominio, ante un toro que exigió colocación y frescura de ideas.

El tercero de Luis Algarra fue recibido por Marco Pérez con templados delantales, de trazo limpio y cadencioso. El toro derribó al caballo que guardaba puerta y recibió un severo puyazo, marcando un inicio de lidia accidentado. Destacó la profesionalidad de Tomás Rufo, que ayudó a levantar al caballo junto a los monosabios y estuvo muy atento en el quite, salvando del percance al tercero de Marco. Ser torero es estar presente en todo momento, y el toledano lo demostró con oficio y compañerismo.

Marco Pérez brindó al público y comenzó la faena pasándoselo por la espalda en los medios, dejando dos pases de las flores y un molinete ceñido de mucha categoría, que hicieron sonar la música desde el primer instante. Los derechazos tuvieron gusto, cadencia y temple. Es un niño sabio, y se nota: supo entender al toro, leer sus terrenos y ajustar su toreo a lo que pedía. El toro, como el segundo, buscaba salida, pero Marco le tapó la fuga con inteligencia y firmeza. Estuvo cumbre. Los naturales fueron por abajo, con mucha estética, y la faena finalizó en distancias cortas, con el público en pie, tras unas luquesinas de buen trazo.

Dejó un pinchazo y una media estocada en el sitio. Oreja, premio a una faena de torero precoz, sabio y valiente, que dejó claro que el futuro también se escribe con temple.

El cuarto de Luis Algarra, bien hecho y serio, fue recibido por Alejandro Talavante con una tijerina de apertura seguida de templadas verónicas, como quien quiere marcar desde el saludo el compás de la faena. En varas, el toro se empleó con fuerza, rompiendo incluso la puya en el encuentro, señal de bravura y entrega. Talavante brindó al público y, de rodillas en el tercio, trenzó largos muletazos con profundidad y gusto, como solo los elegidos saben hacerlo. Torear de rodillas con temple y hondura es privilegio de pocos, y el extremeño lo hizo con la plaza en pie desde el inicio.

En los medios, la faena se estructuró sobre el pitón derecho, por el que el toro derrochó clase y nobleza, con embestidas largas y humilladas. Por el izquierdo, se quedaba más corto pero repetía con motor, y Talavante estuvo a la altura, sin un enganchón, toreando con pulso y colocación, todo fue limpio. Fue un gran toro de Luis Algarra, de vuelta al ruedo, que pedía torero capaz de someterlo, y Talavante lo hizo con gusto, formas y poder. Finalizó con bernardinas ceñidas y dejó una estocada algo baja pero de efecto fulminante. Dos orejas de peso para Talavante y vuelta al ruedo para el toro, en una faena de emoción y dominio.

El quinto de Luis Algarra fue recibido de rodillas por Tomás Rufo con dos largas afaroladas, de emoción y entrega desde el primer instante. En varas, el toro se empleó, aunque los dos puyazos de Rubén Sánchez cayeron algo bajos, marcando un punto de desgaste. En los medios, Rufo dejó derechazos que calan, muy hondos, con la figura relajada y el temple por bandera. El inicio fue boyante, con el toledano en plenitud. Pero el toro se fue viniendo abajo, embistiendo sin transmisión, pasando sin decir nada, y las opciones se fueron diluyendo.

Rufo, poderoso, puso todo lo que tenía, y más. Finalizó por circulares, con los pitones rozando la espinilla, en una faena de cercanía extrema, donde el toro, vencido por el mando, parecía rendido. Los desplantes, tan cerca, rozaban la tragedia, y la plaza se puso en pie. Soberbio Rufo, que convirtió la falta de emoción del toro en una faena de emoción propia. Dejó una estocada en el sitio. Dos orejas y gritos de “¡torero, torero!” en Ondara, en una faena de valor, poder y dominio absoluto.

El sexto y último de Luis Algarra fue recibido por Marco Pérez con verónicas de mucho gusto, templadas y sentidas, como quien quiere cerrar la tarde con torería. En varas, el paso fue justo y medido, sin excesos. En banderillas, Rafael González brilló con dos pares de categoría, saludando montera en mano ante el reconocimiento del público.

Marco brindó al público y se puso pronto y en la mano en los medios, dejando derechazos de trazo largo, jugando con las alturas para cuidar a un toro justo de fuerzas. La faena fue todo a favor del toro, mimándolo, sosteniéndolo, sacando agua de un pozo seco, porque el animal no tuvo transmisión ni fondo. El joven torero puso todo: temple, colocación, actitud y entrega. Toreó hasta el final de la cintura, con muletazos de mérito, ante un toro muy agarrado al piso. Finalizó por manoletinas de mucho ajuste, en cercanías, con el público entregado. Dejó una estocada en el sitio, algo tendida. Dos orejas, premio a una faena de torero que se impone al vacío, con verdad e inteligencia.

Corrida de Toros :
Ondara (Alicante):
Entrada : Casi lleno.
Toros : Luis Algarra : De buena presencia y juego variado. El 4º fue premiado con la vuelta al ruedo.
– Alejandro Talavante : Oreja y Dos orejas.
– Tomás Rufo : Ovación con saludos y Dos orejas.
– Marco Pérez : Oreja tras aviso y Dos orejas tras aviso.
Incidencias : Rafael González saludó tras parear al 6º.
Por Aitor Vian.
Fotografías : Miguel Arboledas.

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