Nino Julien se asoma al porvenir con una oreja de verdad ante la fiereza de Aguadulce

Última actualización: 29 de julio de 2025Por

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La mañana en Orthez arrancó con un novillo de Aguadulce que imponía por presencia: serio, cuajado, con hechuras de poder y cara para asustar. En cuanto se sintió lidiado, sacó genio y puso a prueba cada metro del ruedo. En varas se empleó con firmeza y Antonio Agudo lo entendió, dejándole dos puyazos en el sitio, medidos y funcionales. Rubén Sánchez lo lidió con pulso y colocación, demostrando oficio.

Sin brindis, Jesús de la Calzada fue directo al tajo. Por abajo lo sometió en el prólogo, y en los medios empezó la faena con derechazos de trago largo, muy metido en el novillo, que soltaba derrotes traicioneros, avisando que cualquier descuido podía acabar en drama. El pitón izquierdo no dio margen: imposible el natural, toda la obra hubo de construirse sobre el derecho, con valor frío y técnica serena.

La faena fue un pulso constante, porque el novillo fue apagándose sin entrega, saliendo con la cara alta y sin humillar. Colocarlo para la suerte suprema exigió un máster en aguante. Dos pinchazos y media estocada bastaron, rematando con un certero golpe de verduguillo. Sonó el aviso. Y aunque el silencio en los tendidos fue la música final, en el fondo se intuía el respeto por el esfuerzo sin alharacas frente a un enemigo áspero de verdad. Silencio tras aviso.

Salió el segundo de Aguadulce, con más caja y pitones amplios, imponiendo desde la salida. Exigente y con poder desde el primer tercio, obligó a los de a pie a redoblar atención. Gabin Rehabi se lució en varas, dejando dos puyazos medidos, confirmando su categoría como picador de referencia.

En banderillas, Nino Julien tomó la responsabilidad y dejó dos pares de gran exposición, especialmente el segundo, citando de lejos y cuadrando en la cara. Brindó al respetable, en gesto de compromiso con Orthez, y comenzó la faena con doblones más funcionales que barrocos, ganando terreno hasta el centro del ruedo.

La embestida del novillo, áspera y a trompicones, exigía colocación milimétrica y mucho pulso. Por el pitón izquierdo se quedaba corto, por lo que la faena se desarrolló mayormente por el derecho, siempre cruzado, poniendo corazón en cada pase. Cada muletazo fue más mérito que lucimiento.

El cierre llegó muy encima del novillo, entre pitones, en un ejercicio de aguante sereno. La suerte suprema se resolvió con un pinchazo y una estocada caída casi entera. Sonó una oreja sorprendente, por lo escaso de la petición, pero respaldada por una faena de entrega y verdad ante un novillo que nunca regaló nada. Oreja.

El tercero fue un tren sin vías. De Aguadulce, con hechuras de toro, desbordaba presencia y apuntaba poder. Jesús de la Calzada lo trató con respeto y torería, dándole los adentros y llevándolo a los medios con pulso firme. En varas, Agustín Navarro dejó dos puyazos en el sitio, haciendo todo como se debe frente a un animal de esa envergadura.

El quite de Nino Julien fue de alto voltaje: tijerinas con verdad, una rozando la hombrera, mostrando el filo del compromiso. El novillo, sin embargo, había decidido cerrarse por dentro. En el tercio, la faena arrancó por doblones, más de poder que de estilo, intentando despertar a un enemigo que se había plantado en su ley.

Parado, reservón, con derrotes secos como escupitajos de pólvora, el de Aguadulce no quiso faena. La intención del torero no bastó frente a la escasez de movilidad. Se impusieron los derechazos de mando, en faena breve y honesta, antes de ir por la espada. Pinchazo primero y estocada en el sitio después. Cayó sin más, y el público respondió con palmas, reconociendo el esfuerzo ante un tren que no quiso salir de la estación.

El cuarto, el mejor presentado de la mañana, parecía un toro en cuerpo de novillo: amplio de caja, serio por delante, un auténtico armario en la plaza. Desde su salida ya exigía respeto. En varas, Mathias Forestier dejó dos puyazos en sitios distintos, pero la ejecución no convenció al público, que mostró su descontento.

Con la montera aún puesta, Nino Julien quiso sorprender y arrancó la faena con derechazos de recibo, pero la misión fue imposible: el novillo respondía con derrotes violentos, cabeceaba sin descanso y se desplazaba con poder seco, sin ritmo. No había hueco para la cadencia ni la belleza.

El francés lo intentó sin rendirse, pero no encontró el sitio: el novillo era gazapón, reservón y con poder, como una conversación trabada donde cada frase era interrumpida por un grito. No hubo sintonía entre novillero y novillo, ni forma de construir faena. La lucha fue en solitario.

Se fue a matar con sobriedad: estocada en el sitio, necesaria de descabello. El público, generoso ante el esfuerzo, respondió con una ovación templada, como quien entiende que a veces el toreo también es callar donde no se puede hablar.

Novillada con Picadores : Matinal.
Orthez (Francia):
Entrada : Dos tercios.
Toros : Aguadulce : De buena presencia y juego variado.
– Jesús de la Calzada : Silencio tras aviso y Ovación.
– Nino Julien (Que sustituía a Mariscal Ruíz): Oreja y Ovación.
Por Aitor Vian.
Fotografías : Philippe Gil Mir (Haz click en la galería).

Orthez 27-07-2025 matinal

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