Navalón, derribar obstáculos a golpe de actitud
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Samuel Navalón dejó en el coso de Cuatro Caminos el impacto de un torero con la alternativa a la vuelta de la esquina a golpe de valor. El novillero hecho en Albacete dio una dimensión tremenda y solventó la papeleta de matar tres novillos en medio del diluvio de forma soberbia. A su primero le hizo ver que la seguridad y el mando están por encima de todo, se hizo con él, se entregó y cuidándolo a media altura le arrebató una oreja de peso. Su segundo fue el de un Marco Pérez herido y que lejos de amilanarse ante tan complicado animal, se colocó y el novillo cuando se sintió podido se sometió y se transformó, el mal uso con los aceros le impidió cortar otra oreja. El caos absoluto vino cuando le hizo absolutamente de todo al exigente cuarto en medio de un barrizal. Nadie pensaba que se iba a seguir toreando y Navalón dio dos tazas, se fue a porta gayola y se ganó al coso cántabro. En la muleta se partió los riñones llevándolo hasta detrás de la cintura con los pies descalzos imantados al oscuro barro santanderino, qué forma de torear, se entregó y remató con una certera estocada. Dos orejas de manual.
A Marco Pérez solo se le pudo ver en un novillo, pues fue prendido de fea manera por su primero cuando esteba a con el capote. Sin embargo en su segundo dio una demostración del toreo que lleva dentro, ese toreo caro de riñones encajados, figura erguida, mentón pegado al pecho y alargando el trazo. Mucho gusto tuvo ya desde salida con unos delantales de bandera. Con la muleta los naturales, los derechazos y los pases de pecho fueron auténticos carteles de toros. La espada entró en buen sitio aunque un poco desprendida, y el uso del descabello le jugó una mala pasada minimizando un auténtico alboroto en una oreja.
Javier Zulueta vino a Santander dispuesto a mostrar el tipo de torero que es, y es que cumple todos los requisitos del clásico torero de la escuela sevillana. Destacar de él que ni en las peores situaciones se le vio nervioso, es más, la serenidad fue la que le acompañó durante toda la tarde. Zulueta se puso en el sitio cuando pisar el ruedo era una auténtica aventura, pegó naturales de tal calado que en el valle de Polaciones aún se escuchan los olés, ya no hablemos de las verónicas, sólo Morante podrá superar esa altura y esas formas de torear el próximo día 23 con el capote. Fueron dos faenas plagadas de detalles, sobre todo la de su segundo al que bien pudo cortar dos orejas de no ser por el mal uso de los aceros.
Los tres novilleros brindaron una gran tarde de toros cada uno dentro de su concepto, no cabe duda que nadie comió pipas en los tendidos.
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