Milagro en el Guadalquivir: Aparecen las espadas de Javier Zulueta tres meses después de su robo

Última actualización: 23 de enero de 2026Por

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El río Guadalquivir ha devuelto lo que la delincuencia arrebató. En un giro de guion digno de novela, el matador de toros sevillano Javier Zulueta ha recuperado su fundón de espadas, el cual había sido robado hace tres meses en extrañas circunstancias. El hallazgo, producido en el lecho del río a su paso por Sevilla, cierra un capítulo amargo para el torero, que nunca perdió la esperanza de reencontrarse con sus «armas» más preciadas.

El hallazgo bajo las aguas

Fuentes cercanas al torero han confirmado que el fundón fue localizado sumergido en el Guadalquivir. El estado de los aceros y del cuero, tras 90 días bajo el agua y el fango, requerirá una profunda restauración, pero la noticia ha sido recibida como un triunfo moral en el entorno del diestro.

Se trata del equipo completo que le fue sustraído: cuatro espadas y dos descabellos, además de una toalla personal con sus iniciales grabadas. Elementos que, más allá de su costoso valor económico, poseen una carga sentimental incalculable, pues son los mismos aceros que le acompañaron durante toda su etapa novilleril y con los que soñaba confirmar su alternativa.

Cronología de un robo indignante

Los hechos se remontan a la noche del pasado 13 de octubre de 2025. Zulueta acababa de participar en el tradicional festival benéfico que cerraba la temporada en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Tras abandonar la plaza, la cuadrilla se dirigió al Hotel Monte Triana, en la calle Clara de Jesús Montero, para que el diestro se cambiara de ropa. Fue en ese breve lapso, entre las 21:00 y las 22:00 horas, cuando los ladrones forzaron la furgoneta del torero aparcada en la puerta, llevándose únicamente el fundón y dejando tras de sí la impotencia de un joven profesional.

Un valor más allá del acero

Desde el momento del robo, Zulueta se movilizó en redes sociales con un mensaje que caló hondo en la afición: «Más que el valor material… tienen un valor sentimental porque buena parte de ellas proviene de regalos de familiares, amigos y compañeros».

Hoy, aunque el óxido haya hecho mella en las hojas, el alma de esas espadas ha vuelto a las manos de su dueño. El Guadalquivir, tantas veces fuente de inspiración para el toreo sevillano, esta vez ha servido de custodio para devolverle a una de sus más firmes promesas su herramienta de trabajo y parte de su historia.

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