Marco y Luque destacan en la goyesca de Arles
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La vigésima edición de la Corrida Goyesca en el Coliseo romano de Arlés estuvo marcada por la lluvia, la expectación y el contraste de estilos. El cartel reunía a Alejandro Talavante, Daniel Luque y Marco Pérez frente a toros de Álvaro Núñez, que debutaba con su hierro en Francia. A pesar del retraso por el mal tiempo, el público respondió con entusiasmo y llenó los tendidos para una tarde que combinó arte, entrega y momentos de gran toreo.
Alejandro Talavante, destellos sin continuidad
El extremeño abrió plaza con un toro noble pero justo de raza. Lo saludó con verónicas templadas y dejó un quite de chicuelinas que levantó los primeros aplausos. La faena tuvo pasajes de buen trazo por el pitón izquierdo, aunque faltó transmisión. Cerró con bernadinas ajustadas y mató de estocada caída. Oreja. En el cuarto, Talavante volvió a mostrar su gusto capotero, pero la faena se alargó sin encontrar fondo en el toro. Mató al tercer intento y fue ovacionado tras el aviso.
Daniel Luque, poder y temple
El sevillano fue el gran triunfador de la tarde. En su primero, un toro manso pero con movilidad, Luque impuso su mando desde el inicio. Tandas por el derecho de gran profundidad y una serie al natural que caló hondo. Mató de estocada tendida y cortó dos orejas. En el quinto, más parado y sin clase, Luque puso todo lo que faltaba. Brindó a Juan Bautista y construyó una faena de cercanías, con oficio y serenidad. Ovación tras un pinchazo.
Marco Pérez, firmeza y ambición
El joven salmantino debutaba como matador en Arlés y no defraudó. En su primero, saludó con verónicas y comenzó la faena con cambiados por la espalda. El toro, noble pero sin entrega, exigió recursos. Pérez acortó distancias y logró conectar en la parte final. Oreja tras estocada efectiva. En el sexto, más exigente, volvió a mostrar capacidad. Toreó con limpieza por ambos pitones y cerró con trincheras que levantaron al público. Mató de estocada algo trasera y cortó otra oreja.
El encierro de Álvaro Núñez
Bien presentado, con toros de hechuras armónicas. El segundo y el sexto fueron los más destacados por su movilidad y exigencia. El resto, nobles pero faltos de emoción. El quinto empujó en el caballo pero se apagó en la muleta.
La Goyesca de Arlés volvió a ser un espectáculo total, con su puesta en escena artística y su ambiente único. Daniel Luque y Marco Pérez salieron a hombros, cada uno con su estilo: el primero con maestría serena, el segundo con ímpetu juvenil. Talavante dejó detalles, pero sin redondear. Una tarde que quedará en la memoria por su belleza, su esfuerzo y su simbolismo.
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