Marco Pérez deja huella en Valladolid
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La tarde en el coso de Zorrilla tenía aroma de acontecimiento. El cartel, con tres nombres de peso —Roca Rey, Emilio de Justo y Marco Pérez— atrajo a una plaza llena hasta la bandera. El ambiente era de los que se palpan, mezcla de expectación y respeto. Los toros de Garcigrande, bien presentados aunque de juego desigual, pusieron a prueba a una terna que no se guardó nada.
Roca Rey, la épica como bandera
El peruano volvió a demostrar que su sitio en la cúspide no es casual. En su primero, sufrió una fea voltereta que dejó al público helado. Dolorido, con gestos de sufrimiento, se levantó y volvió a la cara del toro como si nada. La faena, marcada por el coraje, tuvo momentos de gran intensidad, especialmente en las tandas por el pitón derecho. Mató con decisión y cortó una oreja que supo a gesta. En el sexto, ya mermado físicamente, se mantuvo firme ante un toro sin entrega. La faena fue más de voluntad que de lucimiento, pero el público lo reconoció con una ovación sincera.
Marco Pérez, frescura y temple
El joven salmantino sigue dejando huella allá donde pisa. En su primero, toreó con gusto y limpieza, destacando por su capacidad para ligar los muletazos con naturalidad. Hubo momentos de gran plasticidad, y aunque la estocada no fue perfecta, cortó una oreja que premió su concepto. En el quinto, el toro se lesionó al inicio de faena, y aunque Marco intentó mantener el pulso, la faena se vino abajo. Aun así, dejó detalles que confirman su proyección.
Emilio de Justo, oficio y entrega
El extremeño, que entró en el cartel por la baja de Morante, mostró su solvencia habitual. En su primero, construyó una faena seria, con muletazos largos y bien rematados, aunque el toro no terminó de romper. En el cuarto, más exigente, sacó su versión más poderosa, aguantando parones y tirando del animal con firmeza. Falló con la espada y perdió un trofeo que tenía ganado. Ovación en ambos turnos.
Los toros de Garcigrande
Bien armados y de presencia seria, aunque con dispar comportamiento. El tercero fue el más completo, con recorrido y clase. El resto, entre la nobleza sin fondo y la brusquedad, exigieron recursos y entrega.
La tarde no fue redonda en trofeos, pero sí en emociones. Roca Rey volvió a poner el cuerpo por delante, Marco Pérez confirmó que no es una promesa sino una realidad, y Emilio de Justo sostuvo el cartel con profesionalidad. Valladolid vivió una jornada de verdad, de las que no se olvidan fácilmente.
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