Manzanares y Roca Rey triunfan en el segundo festejo de la temporada de verano de El Puerto

Última actualización: 5 de agosto de 2025Por

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Dos Puertas Grandes, dos estilos. La de Manzanares, fiel a la pureza del toreo clásico: de ligar por delante y dejar la muleta por detrás, cargando la suerte. La de Roca Rey, al límite: de arrimón, de pisar terrenos prohibidos. Y qué lástima la espada, que privó a Pablo Aguado de rubricar un triunfo grande, de esos que marcan época.
Manzanares continúa su idilio con El Puerto. Faena gourmet del alicantino en su primero: desde las verónicas de recibo hasta la estocada recibiendo, todo fue suavidad, temple y esa elegancia que ya es marca registrada en su tauromaquia. Y todo ello ante dos enemigos más allá del toro: el molesto viento de levante y el debut de un nuevo presidente, Ignacio Vegas, que parece llegar con ganas de protagonismo.
Roca Rey se presentó en la Plaza Real infiltrado tras la tremenda voltereta del día anterior en Huelva. No se notó. Se entregó por completo a su peculiar y contundente tauromaquia desde el capote, alternando verónicas y chicuelinas, hasta una faena larga con la muleta, que acabó entre los pitones, en terrenos donde pocos se atreven. Estocada en lo alto, y oreja.
Pablo Aguado dejó una faena para los paladares más exigentes en el tercero de la tarde. Se puede decir que fue un reencuentro consigo mismo. Desde las verónicas de inicio, pasando por dos exquisitas tandas al natural y una cascada de detalles con aroma sevillano, Aguado bordó el toreo. Pero la espada, ingrata y traicionera, le robó lo que ya se cantaba como un triunfo grande.
El cuarto fue un astado sin fondo, sin clase. Pero tuvo la suerte —o la desgracia— de caer en manos de Manzanares, que hoy más que nunca se ganó a pulso lo de Maestro. No desesperó, aguantó con paciencia las huidas del toro hasta meterlo en el canasto. Y con solo tres tandas… ¡tres tandas memorables! levantó al tendido. Toreo de muchos quilates, de los que se quedan en la retina. El estoconazo fue de cartel, de los que por sí solos valen una oreja. La segunda, pedida con fuerza, no llegó.
El quinto, otro toro soso y sin transmisión, exigía un milagro. Y Roca Rey, de nuevo, lo puso todo. Se echó el toro a la espalda, lo exprimió, y cuando no quedaba nada, sacó otro arrimón final, inmóvil entre los pitones. Media estocada y otra oreja que lo lleva en volandas a la Puerta Grande.
El sexto fue el lienzo perfecto para que Aguado pintara su obra de arte. Cuando ya parecía que no pasaría nada —el viento volvió a soplar con fuerza—, el sevillano encontró ese rincón mágico entre los tendidos dos y cuatro, donde el aire calla y el toreo canta. Allí brotó el delirio: muletazos de seda, con la lentitud que sólo permite la cintura bien encajada, con muñecas que dibujan eternidades. Aguado se reencontró. Y El Puerto, también. Pinchazo y estocada que saben a poco, pero que no restan un ápice a lo vivido. Porque lo que se soñó, se toreó.
Corrida de Toros :
El Puerto de Santa María (Cádiz):
Entrada : Tres cuartos de plaza.
Toros : Olga Jiménez (1º y 4º) y García Jiménez (2º,3º,5º y 6º).
– José María Manzanares : Oreja con petición de la segunda y Oreja.
– Roca Rey : Oreja y Oreja.
– Pablo Aguado : Ovación con saludos y Oreja.
Por Manolo Herrera.
Fotografías : Emilio Méndez / Circuitos Taurinos.

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