Manzanares toca pelo en Olivenza
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La segunda cita de abono de la Feria del Toro de Olivenza 2026 reunía en el ruedo pacense un cartel de altísimo interés artístico, pero la tarde se resolvió con un guion condicionado por la desigualdad del ganado de Puerto de San Lorenzo (y dos remiendos de La Ventana del Puerto). Solo José María Manzanares logró pasear un trofeo ante el mejor toro del encierro, mientras que Daniel Luque dejó patentes sus amplios recursos sin rúbrica con los aceros y Juan Ortega se estrelló contra un lote vacío de casta.
El empaque de Manzanares y el gran ‘Pitilloso’
El alicantino José María Manzanares se llevó el gato al agua en el cuarto de la tarde, de nombre ‘Pitilloso’. Fue este un ejemplar encastado, noble y con un gran son, que acudía al engaño humillando con repetición. Manzanares tiró de empaque y estética para cuajar una faena en la que el público sintió el toreo fundamental. Tras un pinchazo y una estocada, el presidente concedió la única oreja del festejo, mientras que el buen astado charro fue justamente premiado con la vuelta al ruedo. En su primero, un animal noble pero de transmisión más comedida, el diestro ya había dejado destellos de su clásica elegancia, saludando una ovación tras petición.
La capacidad de Luque, emborronada por la espada
El momento de madurez que atraviesa Daniel Luque es innegable, y en Olivenza volvió a quedar patente. El de Gerena evidenció que tiene un sitio privilegiado en la cara del toro. Estuvo muy firme, derrochando poder y técnica ante sus dos antagonistas. A su primero lo cuidó y lo entendió a la perfección, dejando lances a la verónica y quitando por ajustadas chicuelinas. Sin embargo, toda la obra construida a base de poso e inteligencia se diluyó en el momento supremo. Los fallos con la espada en ambos turnos le privaron de tocar pelo, viéndose obligado a conformarse con saludar desde el tercio en sus dos actuaciones tras escuchar aviso en el primero.
El arte de Ortega choca contra un lote insulso
Las ganas de ver el toreo despacioso de Juan Ortega se quedaron sin saciar por culpa de las nulas opciones que ofreció su lote. El sevillano lidió con los ejemplares más descastados, blandos y desfondados de la tarde. En el sexto intentó mimar las escasas fuerzas de su oponente llevándolo a media altura, pero el lucimiento fue una quimera ante la manifiesta falta de ritmo y fijeza del animal. Ortega, justificadísimo, tuvo que abreviar tras probarlo por ambos pitones sin éxito. Su balance, silenciado en ambas labores (con división/saludos en el primero según sectores), es el fiel reflejo de una tarde en la que el sorteo le dio completamente la espalda.
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