La espada y la mansedumbre roban en Cañaveralejo

Última actualización: 8 de enero de 2026Por

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Si el toreo es un diálogo, lo de esta tarde en Cali fue un monólogo de frustraciones interrumpido por silencios incómodos. Bajo un sol de justicia y con la plaza registrando una entrada esperanzadora —rozando los tres cuartos—, la corrida mixta que prometía ser el plato fuerte de la feria se quedó en un menú degustación de «lo que pudo ser». Los aceros, desafilados o mal dirigidos, y un encierro de Ernesto Gutiérrez que sacó más complicaciones y sosería que bravura, dejaron el marcador a cero. Una tarde de las que se escriben con tinta gris.

Luis Bolívar: La maestría sin rúbrica

El ídolo local, Luis Bolívar, cargó con el peso de la tarde sobre sus hombros, demostrando por qué es el torero de la tierra y por qué su madurez atraviesa un momento dulce. Pero el toreo, ingrato como pocos oficios, no paga con orejas las buenas intenciones si la espada no viaja certera.

Ante su primero, Algodonero, Bolívar tiró de oficio. El toro, noble pero con el depósito de gasolina en reserva, pedía suavidad y el caleño se la dio en dosis de enfermero. Hubo muletazos de trazo limpio, templados, cuidando una embestida que amenazaba con apagarse en cualquier momento. La faena estaba hecha, el triunfo cocinado, pero la espada se atascó. En el cuarto, Panadero, la historia rimó con la anterior pero con mejor verso. Bolívar cuajó las series más rotundas de la tarde, imponiendo su ley a un animal que se dejaba, aunque sin transmitir emoción. El público estaba con él, la música sonaba y la Puerta del Señor de los Cristales parecía entreabrirse. Sin embargo, el acero volvió a negar la gloria. Ovación para el torero, que saludó desde el tercio con sabor agridulce: el de saberse triunfador moral pero no estadístico.

Talavante: Un fantasma en el ruedo

Lo de Alejandro Talavante fue, siendo generosos, una tarde de trámites. El extremeño, figura indiscutible, pareció no aterrizar nunca en el coso de Cañaveralejo. Es cierto que su lote fue el peor, con un Chesquero y un Narrador que hicieron honor a la mansedumbre y la falta de raza, pero la actitud del matador tampoco ayudó a obrar el milagro.

Se le vio desganado, abreviando sin disimulo, como quien ficha a la salida de la oficina. En el quinto, las protestas y pitos del respetable fueron el veredicto a una actuación plana, carente de esa magia improvisada que se le supone. Talavante pasó por Cali, pero Cali no pasó por Talavante. Bronca y división de opiniones que sonaron a reproche.

Olga Casado: El valor se topa con el reloj

La novillera española Olga Casado era la novedad, la frescura en el cartel. Y vaya si demostró actitud. Salió a comerse el mundo, o al menos a comerse a Arrojado, su primero. Con el capote dejó verónicas con gusto y una media torerísima que despertó los «olés» más sinceros. Con la muleta, Olga no se amilanó ante las embestidas inciertas, plantando cara con una firmeza impropia de su edad. Pero entonces llegó el calvario. La suerte suprema se convirtió en una pesadilla. Los aceros no entraban, el descabello se resistía y el tiempo, implacable, corría en su contra. Sonaron los tres avisos. El toro volvió vivo a los corrales, un golpe durísimo para cualquier torero, más aún para una novillera que se presenta. Sin embargo, la afición, sabia, supo valorar su entrega y la obligó a saludar una ovación, perdonando el fallo por el derroche de valor.

En el sexto, un sobrero de Juan Bernardo Caicedo (tras devolverse el titular por inválido), Olga volvió a salir a por todas, intentando borrar el mal trago anterior. Hubo disposición y coraje ante un novillo con genio, pero la tarde ya estaba sentenciada al fracaso artístico.

Corrida Mixta :
Cali (Colombia):
Entrada : Tres cuartos de plaza.
Toros : Ernesto Gutiérrez (1º,2º,3º,4º,5º y 6º) y Juan Bernardo Caicedo (6ºBis).
– Luis Bolívar : Silencio y Ovación con saludos tras aviso.
– Alejandro Talavante : Pitos tras aviso y Pitos.
– Olga Casado : Ovación tras tres avisos y Silencio.
Fotografías : Toro Vive.

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