Fernando Adrián cortó la soledad con una oreja en la sombra de Fuente Ymbro para cerrar Bilbao

Última actualización: 2 de septiembre de 2025Por

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Saltó a Vista Alegre el primero de Fuente Ymbro, ovacionado por su estampa seria, como si la presencia prometiera lo que la embestida negó. No hubo lugar para el lucimiento de capa, y en varas Juan Melgar dejó dos puyazos sutiles, más como trámite que como castigo, como si el toro ya estuviera ausente desde el principio.

Paco Ureña trató de fijarlo en los medios, pero el animal huía del encuentro, como quien no quiere mirar a los ojos. No aguantaba más de dos muletazos seguidos, y el trasteo que empezó en el tendido cinco acabó en la otra punta de la plaza, en la zona de toriles, como si la faena se deshiciera en pasos, no en pases.

El murciano lo intentó con la insistencia de quien quiere ahogar la resignación, como si el toreo pudiera imponerse al desdén. Algún atragantón, algún intento, pero al final, la toalla cayó sin aspavientos. El toro, rajado, no quiso ser historia.

Estocada caída. Silencio. Solo roto por los pitos que se llevó el toro en el arrastre. Porque hay tardes en que el torero no fracasa, simplemente no puede. Y el silencio, cuando pesa, pesa más que el acero.

El segundo de Fuente Ymbro, bien armado, salió sin conceder espacio al saludo de capa. Fortes lo aceptó sin alardes, como quien sabe que hay toros que no permiten el prólogo, pero sí exigen el alma. En varas, Francisco de Borja dejó dos puyazos severos, entre las protestas del respetable, como si el castigo fuera más ruido que medida.

Con la muleta, Fortes inició por abajo, con gusto, con ese trazo que no se impone, se ofrece. En los medios, el toro empezó a buscar salida, salía con la cara suelta, sin entrega, y el torero le tragó, como quien se abandona al toreo aunque no tenga oponente. Y entonces llegaron los naturales : arrebatados, plenos de sabor, con los riñones encajados, como si el cuerpo se rindiera al arte sin esperar respuesta.

Todo tuvo encaje, sinceridad, esa verdad que no necesita testigos. A medida que la faena avanzaba, el toro se volvía más complicado, más huidizo, y Fortes cruzó la raya del peligro, metido en tablas, como quien no se resigna a la huida. La estocada fue en el sitio, metiendo bien la mano, tan cerca de las tablas que no había otro lugar posible.

Ovación con saludos. Porque hay faenas que no se construyen con embestidas, sino con convicción. Y Fortes, una vez más, toreó como quien se entrega aunque el toro no lo merezca.

El tercero de Fuente Ymbro salió y se partió una mano. Pañuelo verde.

El tercero bis salió al ruedo con hechuras de toro imponente, como si la seriedad fuera preludio de bravura. Fernando Adrián lo recibió con delantales templados, como quien abre el telón con firmeza y gusto. En varas, José Antonio Barroso apenas le dio dos puyazos justos, medidos, como si el toro no necesitara castigo, sino respeto. Brindó al público, y se puso de rodillas en los medios, donde el toro se comía la muleta con codicia, con esa embestida que no se mide, se siente. Adrián fue dejando derechazos hondos, de trazo largo, como si el poder fuera su idioma natural. Gran toro, gran pulso.

Los naturales fueron precisos, de buen trazo, como si la izquierda del torero dibujara sobre el aire. Y en la recta final, la faena se volvió cuerpo a cuerpo: cercanías, pitones rozando espinillas, y el torero sin pestañear. Remató con un desplante desarmado, seco, sincero, que puso Bilbao en pie, como quien reconoce que el valor también se torea. La estocada fue certera, como rúbrica limpia. Oreja con fuerte petición de la segunda.

El cuarto de Fuente Ymbro salió sin alma, sin pulso, sin intención. Paco Ureña lo recibió sin opción al lucimiento de capa, como quien ya intuye que la tarde será cuesta arriba. En varas, Cristian Romero dejó puyazos sutiles, como si el castigo no tuviera sentido ante un toro que ya estaba parado por dentro.

Con la muleta, el murciano trató de construir faena donde no había cimientos. Derechazos hasta el final, con la firmeza de quien no se rinde, pero sin lugar para la emoción. El toro no transmitía, no respondía, no quería. Todo lo puso el torero: el temple, el trazo, la voluntad. Pero el toreo, sin eco, se vuelve monólogo. La estocada, casi entera y en el sitio, fue la única respuesta limpia de la tarde. Silencio. No por falta de respeto, sino por la imposibilidad de celebrar lo que nunca pudo ser.

El quinto de Fuente Ymbro salió sin alma para el arte. No dio opción al lucimiento en la capa, como si ya desde el principio negara cualquier diálogo. En varas, Antonio Muñoz fue ovacionado por dos puyazos en el sitio, ejecutados con pulso y medida, como quien cumple con rigor ante lo incierto.

Con la muleta, Fortes se encontró con un toro bruto, desacompasado, que embestía con todo y sin claridad, como quien arremete sin saber por qué. Y sin embargo, el torero se mantuvo firme, dejando derechazos de encaje de riñones, como quien se entrega aunque sepa que no habrá respuesta. Fue una faena de voluntad, de temple sin eco, de lucha contra el vacío.

El toro, como el cuarto, no tenía nada que entregar. Y Fortes, consciente, no se rindió. Dejó un pinchazo, luego una buena estocada, y un certero golpe de descabello que puso fin a la nada con dignidad. Ovación con saludos. Porque hay tardes en que el toreo no se mide por el brillo, sino por la entereza. Y Fortes, una vez más, toreó como quien no necesita que el toro le dé, para él poder dar.

El sexto de Fuente Ymbro salió bien presentado, con seriedad en la mirada, y Fernando Adrián lo recibió con delantales de bella expresión, como quien quiere abrir la tarde con elegancia. En varas, fue él mismo quien dejó dos buenos puyazos, medidos, como si el castigo fuera también parte del respeto.

No hubo brindis. Se dispuso en tablas, sobrio, y lo recibió por estatuarios de gran importancia, cambiándoselo por la espalda en uno de ellos, como quien desafía la quietud con temple. En los medios, los muletazos fueron de uno en uno, robados, arrancados al vacío, porque el toro no tenía nada dentro. Y sin embargo, Adrián insistía, como quien no se resigna a la ausencia.

La faena se cerró en cercanías, donde el toro, sin más opción, respondía por instinto. El torero, firme, dejó una media estocada, luego un pinchazo con el descabello, y finalmente un certero golpe en el segundo intento.

Silencio tras aviso. Porque hay faenas que no se celebran, pero se respetan. Y Fernando Adrián, en Bilbao, toreó como quien sabe que el arte también vive en la insistencia.

Corrida de Toros :
Bilbao (Vizcaya):
Entrada : Dos tercios.
Toros : Fuente Ymbro : De buena presencia y juego variado.
– Paco Ureña : Silencio y Silencio.
– Fortes : Ovación con saludos y Ovación con saludos.
– Fernando Adrián : Oreja con petición de la segunda y Silencio tras aviso.
Incidencias : Roberto Blanco saludó tras parear al 6º.
Por Aitor Vian.
Fotografías : Philippe Gil Mir (Haz clic para ver la galería).
Bilbao 23-08-2025

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