Escribano y Alicante, binomio para la historia
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Ante la entrega de un torero que escribió con sangre y verdad su nombre en la historia : Manuel Escribano se encerró en solitario con seis toros de Victorino Martín y firmó una tarde que ya es leyenda.
Desde la primera larga cambiada hasta el último pase de pecho, Escribano mostró temple, coraje y una conexión vibrante con los tendidos. Los astados de Victorino, en su mayoría exigentes y encastados, pusieron a prueba al torero en cada embestida.
El punto álgido de la tarde llegó con el tercer toro, “Bohemio”, al que el diestro entendió como si fuesen viejos conocidos. Toreó con cadencia y profundidad, hasta lograr que el público, en pie, reclamara justicia para el bravo: el indulto fue unánime y clamoroso. Vuelta al ruedo con lágrimas en los ojos y Victorino al lado, en una imagen que quedará grabada para siempre.
No hubo alivio. El cuarto y quinto plantearon serios problemas, pero Escribano no rehuyó la pelea. Y como broche, “Potrero” –un hijo de Cobradiezmos– encontró en el torero un rival a su altura. Faena vibrante, premio merecido.
Escribano puso su alma en cada tercio de banderillas, brindó con sentido, se jugó el tipo. Ayer no sólo toreó. Ayer se justificó como torero. Y Alicante, conmovida, respondió con ovaciones que no terminaron con el arrastre del último toro. Porque tardes así no se olvidan.
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