El temple de Mario Vilau y los bravos novillos de Francia marcan el paso en la matinal de Arles
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Arles abrió las puertas de su imponente Coliseo en la mañana del domingo para una novillada con picadores muy de la tierra. Un festejo marcado por el elenco ganadero francés y por la importante dimensión dejada por la terna, en la que el incipiente concepto del catalán Mario Vilau se erigió como lo más destacado de la jornada.
El cartel sufrió una modificación de última hora con la entrada del francés Nino Julian, quien ocupó el puesto del anunciado Joselito de Córdoba. Jugando en casa y ejerciendo como director de lidia, Julian tiró de rodaje y oficio frente al abreplaza. Dejó una labor dispuesta, intentando sacar agua de un pozo con opciones limitadas. Falló con los aceros y, tras escuchar un recado presidencial, dio una aclamada vuelta al ruedo. Se resarció pronto con el cuarto, un ejemplar manejable pero carente de clase. El galo tiró de técnica para estructurar una faena fácil, propia de un novillero cuajado, rematando con una soberbia estocada que le garantizó el trofeo.
La revelación de la mañana llevó la firma de Mario Vilau. El novillero cuajó una actuación de enorme madurez y calado. A su primero, un animal nada fácil y que pedía los carnets, lo fue sobando hasta imponer su ley. Lo templó especialmente al natural, llevando muy cosida la embestida por la zurda en muletazos largos. Una estocada efectiva fue el salvoconducto para cortar una merecida oreja.
Sin embargo, el cénit de la matinal llegó en el quinto. Saltó a la arena un enrazado y bravísimo novillo de Tardieu Frères que empujó con todo. Vilau lo entendió a la perfección, logrando una genial sinergia con el astado. Hubo toreo profundo, cargado de verdad y ralentizado al máximo; de ese que hace crujir los tendidos. La faena era de premio gordo, pero el mal uso de la espada esfumó la posibilidad de tocar pelo. El premio quedó en una clamorosa vuelta al ruedo para el torero y los honores póstumos para el bravo novillo francés.
Cerraba la terna Víctor, que no quiso quedarse atrás en ningún momento. Ante el tercero de la mañana, un buen ejemplar que lucía la divisa de San Sebastián, el novillero basó su trasteo en el temple y el mando por ambos pitones. Conectó rápidamente con el tendido arlesiano y, tras cobrar una contundente estocada entera, hizo aflorar los pañuelos. El usía concedió una oreja pese a la fuerte petición del segundo trofeo por parte del respetable. En el sexto que cerró plaza, Víctor volvió a derrochar actitud frente a un novillo más deslucido, siendo despedido con una calurosa ovación desde el tercio como broche a una mañana de gran contenido.
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