El Rafi brilla y abre la Puerta Grande en el esperado regreso de Murteira Grave a Arles
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El acontecimiento: El sello de Murteira Grave vuelve a Francia
Había expectación en los tendidos del Coliseo romano para presenciar el regreso de los toros de la mítica vacada de Murteira Grave. Treinta y siete años habían pasado desde que pisaron este ruedo por última vez. Los ejemplares lusos cumplieron en el caballo y ofrecieron, en líneas generales, un juego encastado y exigente, pidiendo el carné a una terna de matadores banderilleros que no se guardó nada.
Manuel Escribano, entrega curtida sin espada
El sevillano Manuel Escribano ejerció como director de lidia exhibiendo su habitual entrega y solvencia técnica ante los astados de Murteira. Fiel a su concepto, cubrió con brillantez e intensidad los tercios de banderillas, cuajando pares de mucha exposición. En su primero, logró pasajes de indudable mérito y sometimiento, pero el mal uso de los aceros enfrió a los tendidos, escuchando dos avisos antes de saludar una sentida ovación. Ante el cuarto de la tarde, Escribano volvió a justificarse a base de oficio y firmeza, pero nuevamente falló a la hora de rubricar la obra, viéndose reducido el premio a otra ovación desde el tercio.
Jesús Enrique Colombo, espectáculo y contundencia
El diestro venezolano Jesús Enrique Colombo trajo la chispa y la exuberancia física a la arena arlesiana. En su primer turno, el sudamericano firmó un vibrante tercio de rehiletes que levantó a los espectadores de sus asientos, aunque la posterior faena de muleta no terminó de tomar vuelo ante las complicaciones del astado. Se le pidió trofeo pero la cosa quedó en ovación.
Fue en el quinto donde Colombo logró tocar pelo. Con un animal que ofreció mayores opciones de lucimiento, planteó una labor tesonera, conectando rápidamente con los tendidos gracias a su arrolladora actitud. Esta vez sí, se tiró a matar con enorme rectitud y dejó una estocada fulminante que fue clave para pasear una merecida oreja.
El Rafi, profeta en su tierra con tres orejas
La tarde llevaba el nombre del torero local. El Rafi salió muy responsabilizado y demostró en su lote el gran momento de madurez por el que atraviesa. En el tercero de la tarde firmó una labor pulcra, dándole al toro sus tiempos y corriendo bien la mano, lo que le valió para cortar la primera oreja de su cuenta personal.
Sin embargo, lo más rotundo de la feria llegaría en el cierraplaza. Ante el sexto, un toro que tuvo repetición y transmisión, El Rafi se encajó de verdad. Encontró el mejor juego del de Murteira Grave por el pitón izquierdo, hilvanando series profundas, muy templadas y llevando al toro cosido a los vuelos de la muleta. El público rugió con la pureza del galo, que remató su gran actuación con una estocada contundente en todo lo alto. El palco no dudó y asomaron los dos pañuelos blancos, premiando la labor con dos orejas que le abrían de par en par la codiciada Puerta Grande para salir a hombros en su tierra.
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