El acero traiciona a un gran Vilau en Valencia
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Osornio, destellos de calidad mexicana sin eco
El mexicano Emiliano Osornio dejó patentes sus buenas formas, pero chocó de frente con un lote infumable. A su primero lo saludó con unas templadas verónicas que ilusionaron al respetable, pero el animal, excesivamente castigado en varas, llegó al último tercio sin recorrido, defendiéndose y soltando derrotes. Osornio intentó bajarle la mano, pero fue imposible estructurar faena.
Frente al cuarto, un astado que perdía las manos con desesperante facilidad, el azteca tiró de paciencia. Logró extraer tres derechazos estimables antes de que el novillo se parara por completo. Pese a su buen corte y clasicismo, se le vio algo frío y no logró calentar los tendidos valencianos ante la nula colaboración de sus oponentes.
Vilau, actitud arrolladora a porta gayola
El nombre de la tarde llevó el acento catalán de Mario Vilau, quien no vino a Valencia a guardarse nada. A sus dos oponentes —incluido el sobrero bis que hizo quinto— los fue a recibir a chiqueros a porta gayola. Su primero fue un animal de nulo recorrido con el que Vilau brilló rodilla en tierra y derrochó valor, acortando distancias y metiéndose literalmente entre los pitones para arrancar una faena de donde no había torería posible. Tras un pinchazo y media estocada, dio la única vuelta al ruedo verdaderamente clamorosa de la tarde tras una fuerte petición de oreja.
Con el quinto bis, un sobrero rajado y de escasa embestida, Vilau volvió a tirar de firmeza. Consiguió pasarlo al natural en una gran serie, exprimiendo hasta la última gota a un marmolillo que acabó plantado en la arena. Los aceros, de nuevo, le privaron de un premio mayor, pero su entrega total quedó grabada en la afición.
Polope, el empeño del paisano
El valenciano Marco Polope jugaba en casa y quiso corresponder al cariño de su público desde el primer minuto. Emulando a su compañero, también se fue a la puerta de los sustos para saludar a su primero, un tercero de la tarde que ya evidenció su invalidez de salida. Polope se justificó con él en una labor aseada pero carente de emoción debido a la extrema debilidad del novillo.
En el que cerraba plaza, Polope se mostró más templado, intentando torear siempre al hilo del pitón. Dejó muletazos sueltos de buen gusto y encendió a la parroquia local con un oportuno desplante en la cara del animal en el tramo final del trasteo. Tras un metisaca hábil y usar el descabello, el paisanaje le premió con una cariñosa vuelta al ruedo.
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