Donde se honra la memoria, Quintana escribe historia: ganador del Memorial Iván Fandiño

Última actualización: 29 de agosto de 2025Por

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El primero de Garcigrande salió con la mirada. Manuel Quintana, cordobés de pulso templado, lo recibió con verónicas que no fueron alarde, sino caricia. Templadas, medidas, como quien sabe que el toreo empieza en el respeto. David Gutiérrez, en el quite, bordó saltilleras ceñidas, como pinceladas breves en un lienzo aún por escribir.

Con la muleta, el novillo se mostró exigente, de los que no regalan nada. Se colaba en cada resquicio, buscaba la mínima rendija para descomponer, y Quintana, lejos de achicarse, le tragó. Hilvanó derechazos de importancia, con temple y firmeza, como quien sabe que el toreo no se improvisa, se sostiene. Sorprendió para bien: por su juventud, por sus facultades lidiadoras, por ese poso que no se espera en quien apenas empieza a escribir su historia.

La estocada fue casi entera, algo caída, pero eficaz. Ovación con saludos para el torero que, en su primer asalto, mostró que tiene dentro algo más que gusto: tiene alma de oficio.

El segundo de Garcigrande fue un novillo sin historia, sin presencia, sin fuerza. Un animal deslucido, aquerenciado, que parecía negarse a ser parte de la tarde. Pero David Gutiérrez, joven aún, se plantó ante él como quien se enfrenta al silencio con la palabra justa.

Lo recibió con verónicas de gusto, como si el capote pudiera acariciar lo que no quiere ser tocado. Las protestas crecieron, el público pidió su vuelta a corrales, pero el torero no se inmutó. Con la muleta, comenzó a escribir una faena que no debía existir, y sin embargo, fue.

Los derechazos, a media altura, fueron ejecutados con un gusto soberbio, despacio, como quien mide el tiempo con la yema de los dedos. Y cuando sonó “Tercio de Quites”, hilvanó naturales a media altura (sosteniendo al animal) que fueron caricia y pulso, como si la música se impusiera al deslucimiento.

Lo sacó de tablas una y otra vez, con oficio, con temple, con esa serenidad que no se espera en quien apenas empieza. La estocada, trasera y caída, fue preludio de un descabello que se demoró. Pero nada de eso empañó la lección.

Ovación con saludos para el torero que toreó la sombra y la convirtió en luz. Porque hay faenas que no se celebran por el toro, sino por el alma que las sostiene.

El tercero de Victoriano del Río fue ovacionado al salir, por su excelente presencia, por esa seriedad que bien podía haber vestido de novillo picado. Manuel Quintana lo saludó con verónicas sueltas, de cadencia honda, como quien no torea por mostrar, sino por sentir.

Con la muleta, comenzó por doblones por abajo, de mucho impacto, como quien quiere hablarle al novillo desde la raíz. Todo tuvo gusto, armonía, ese compás que no se improvisa. En los medios, pronto se vio que el animal exigía verdad, precisión, y el cordobés respondió con derechazos largos, templados, esquivando los derrotes finales que deslucían el conjunto, pero sin perder el hilo de la faena.

Quintana dejó claro que tiene unas formas, y que es fiel a ellas. Toreó con sentido, con gusto, con esa torería que no se aprende, se lleva dentro. Cada muletazo fue una declaración de estilo, una caricia firme, una promesa.

La estocada cayó en lo alto, como rúbrica limpia. Oreja para el torero que, sin alardes, dejó en Bilbao el perfume de una torería joven, pero antigua en su alma.

El cuarto de Victoriano del Río, bien armado y de seria expresión, no concedió espacio al saludo de capa. Desde el inicio negó el lucimiento, como si el ruedo fuera sólo campo de batalla. Pero David Gutiérrez, sin alharacas, se plantó con firmeza y comenzó por abajo, con doblones de fuerza y pulso, como quien quiere hablarle al toro desde la raíz.

Impactó desde el primer muletazo. En los medios, los derechazos fueron poderosos, de los que imponen respeto, ejecutados con verdad y autenticidad. Luego llegaron los naturales, y con ellos la cadencia: cogiendo al novillo desde adelante, llevándolo hasta el final de la cintura, como si el toreo fuera también una forma de acariciar la bravura.

La faena fue creciendo, y el novillo, sometido, comenzó a buscar la huida. Pero ahí emergió el mando del extremeño, que dejó un pase por la espalda de gran exposición, como quien se planta ante la fuga y la convierte en entrega. Fue una lección de dominio, de temple, de torería que no se aprende, se revela.

Con la espada dejó dos pinchazos, y fue prendido sin aparentes consecuencias. Luego, una media estocada y varios golpes de verduguillo. Ovación tras dos avisos. Porque cuando el arte se impone al instinto, el público reconoce no sólo el resultado, sino el alma que lo sostiene.

Novillada sin Picadores : Matinal.
Bilbao (Vizcaya):
Toros : Garcigrande (1º y 2º) y Victoriano del Río (3º y 4º): De juego variado y presencia desigual.
– Manuel Quintana : Ovación con saludos y Oreja.
– David Gutiérrez : Ovación con saludos y Ovación con saludos tras dos avisos.
Incidencias : Manuel Quintana se alzó como triunfador.

Por Aitor Vian.
Fotografías : Philippe Gil Mir (haz clic para ver la galería).
Bilbao 22-08-2025 matinal

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