De Justo a hombros en Valladolid
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La tarde prometía desde el cartel: dos toreros extremeños, estilos opuestos, seis toros de una ganadería de garantías y una plaza con ambiente de feria. El resultado fue una función con altibajos, marcada por la desigualdad del encierro y por momentos de toreo auténtico, especialmente en el tramo final.
Emilio de Justo
Desde el primer toro mostró que venía con intención. Su primero, de embestida medida, lo toreó con firmeza y limpieza, logrando una faena de trazo largo y mano baja. Cortó una oreja. En el segundo de su lote, el cuarto, se encontró con un animal que se vino abajo pronto. Aun así, sacó muletazos de mérito en terrenos comprometidos. En el sexto, el más completo del encierro, se volcó en una faena de ritmo creciente, con tandas por el derecho de gran profundidad. Mató con decisión y el público pidió con fuerza las dos orejas, que el palco concedió. Salida a hombros.
Alejandro Talavante
Más introspectivo, más artista, Talavante dejó pinceladas de su toreo singular. En el primero, toreó con gusto pero sin terminar de conectar. En el tercero, intentó construir faena sobre la base del temple, pero el toro no ayudó. Fue en el quinto donde se vio al Talavante más inspirado: comenzó de rodillas, ligó series con cadencia y remató con detalles de gran expresión. La estocada, defectuosa, le privó de la puerta grande. Ovación cerrada.
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