David de Miranda, oreja de peso en Valencia
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El diestro onubense pasea la única oreja del festejo ante el sexto, en una corrida marcada por la extrema nobleza y la alarmante falta de fuerzas del encierro cárdeno. Fortes y Román, sin opciones ante lotes vacíos de raza.
Valencia abrió el telón de los festejos mayores de su Feria de Fallas este viernes, 13 de marzo de 2026, con la expectación puesta en los cárdenos de La Quinta. Había memoria en los tendidos tras el rotundo triunfo de esta divisa santacolomeña el año pasado, pero la historia, caprichosa, no quiso repetirse. La corrida, de impecable lámina y hechuras en el tipo de la casa, adoleció de un mal imperdonable: la falta de fuerza y transmisión. Fue una tarde de extremada nobleza, sí, pero de esa que, sin motor ni fiereza, desluce cualquier atisbo de emoción.
Ante este panorama, el onubense David de Miranda logró imponer su madurez para tocar pelo en el cierraplaza, mientras que Jiménez Fortes y el local Román se estrellaron contra un muro de claudicaciones.
Jiménez Fortes: Pulcritud ante la adversidad
El malagueño pechó con el lote más ingrato. Su primero, que humilló con cierta codicia en los albores de la lidia, le permitió esbozar unas meritorias tandas en redondo con la mano diestra, aprovechando la inercia. Sin embargo, en cuanto se le bajó la mano y se le exigió, el de La Quinta echó la persiana. Fortes anduvo pulcro, pero el fallo a espadas lo dejó en silencio tras aviso.
Lo del cuarto rozó el esperpento por la condición del animal. Un toro prácticamente inválido que el palco incomprensiblemente mantuvo en el ruedo frente a las protestas del respetable. Fortes tuvo el detalle de brindar la faena al maestro Enrique Ponce, presente en la plaza, pero el trasteo fue un quiero y no puedo ante un marmolillo claudicante. Su labor fue silenciada.
Román: Disposición sin eco
El torero valenciano jugaba en casa y salió a por todas. En su primero (segundo de la tarde), lució con lances a la verónica y apostó dándole mucha distancia en el inicio de muleta. La faena tuvo pasajes estimables por el pitón derecho, donde el toro acudió con prontitud, pero cuando Román echó la muleta a la zurda, el animal protestó y la intensidad cayó en picado. Saludó una ovación desde el tercio.
Con el quinto, el guion fue aún más espeso. Román volvió a apostar por la larga distancia, un planteamiento que quizás no era el idóneo para un astado de fuerzas tan medidas. El toro tardaba en acudir, embestía al paso, y los rodillazos finales a la desesperada no lograron calentar a un público ya aletargado por la falta de casta. El uso del descabello enfrió aún más la escena. Silencio tras aviso.
David de Miranda: La quietud y la espada como argumento
La tarde llevaba el camino del tedio hasta que salió el sexto. Antes, De Miranda había visto cómo su primero era devuelto por descoordinación. El tercero bis, protestado de salida y reservón, no le regaló ni una embestida potable, limitándose el onubense a porfiar sin eco (silencio).
Pero con el sexto, el toro con más cuajo y hechuras del encierro, la historia cambió. El astado tuvo fijeza y una nobleza suprema, aunque, al igual que sus hermanos, iba con el depósito de gasolina justo. De Miranda le cogió perfectamente el aire: cite suave, toreo a media altura para afianzarlo, y encaje de riñones. Las series diestras tuvieron empaque y, sobre todo, una quietud pasmosa. Cerró la obra metido entre los pitones y con unas ceñidísimas manoletinas que despertaron a los tendidos. La estocada, entera y en todo lo alto, fue definitiva para que afloraran los pañuelos. Oreja de ley que justifica su gran momento y le hace triunfador numérico de la tarde.
Corrida de Toros :
Valencia :
Entrada : Media plaza.
Toros : La Quinta.
– Fortes : Silencio tras aviso y Silencio.
– Román : Ovación con saludos y Silencio tras aviso.
– David de Miranda : Silencio y Oreja.
Fotografías : Plaza de Toros de Valencia.
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