Castaño, un volcán en constante erupción en Bilbao
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Fernando Robleño mató con solvencia un lote con dificultades de Dolores Aguirre. Un primero que se rajó enseguida y al que tuvo que hacerle todo a favor, exigiéndole en el trazo y al que hay que destacar un buen inicio por abajo con doblones de mucho sabor. Con el segundo de su lote remató los finales de cada muletazo por abajo y dio motivos para seguirle teniendo en cuenta, pues el oficio adquirido estos años se nota en cada muletazo.
Damián Castaño fue el rotundo triunfador en una plaza que le está acogiendo con un cariño tremendo, pues le ovacionó antes de que saliera su primer toro en recuerdo de su actuación histórica en medio de la lluvia la pasada campaña. Con su primero dejó naturales con la montera calada de gran expresión, la faena tuvo detalles de finura de toreo charro, pero la espada hizo guardia y se llevó el posible trofeo. Con su segundo el volcán Castaño erupcionó a niveles inimaginables, Bilbao rugió como hacía que no rugía desde aquella faena de Diego Urdiales allá por 2015, qué ocho muletazos dejó el salmantino, la capital vizcaína se entregó y Castaño se arrebató. Fueron muletazos que fusionaron la épica, la batalla, el sacrificio de tantos años, el gusto, el poso, el oficio… tantas cosas en cada muletazo que dijeron y resumieron la vida de un torero entregado. Pinchó la faena, pues de no haber sido así hubieran sido dos orejas de peso, cortó una más que importante.
José Garrido no se terminó de encontrar cómodo en ningún momento, a su favor decir que tuvo el peor lote, claro está. Pero los toros no permitieron ver esa versión artística de un Garrido renovado con ganas de triunfar, ahora bien, las verónicas que dejó fueron para enmarcar, qué forma de mecer el capote. Fue silenciado y ovacionado.
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