Borja Jiménez da otro golpe sobre la mesa en Manizales
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La tarde de este miércoles en la Monumental de Manizales fue de esas que curten la afición y definen el carácter de los toreros. Bajo un aguacero incesante que caló hasta los huesos pero no enfrió los ánimos, Borja Jiménez firmó un debut soñado en tierras colombianas, descerrajando la Puerta Grande tras una faena cumbre al sexto. Fue la cara amable de una moneda que mostró su cruz en la cornada y el esfuerzo agónico del local José Arcila, y en la desesperación de un Antonio Ferrera que se estrelló contra un lote imposible de la ganadería de Las Ventas.
Llegaba Borja Jiménez a Manizales con la aureola de revelación y se fue con el estatus de figura consentida. Si en su primero, un animal flojo y defensivo, apenas pudo mostrar sus credenciales más allá de una solvencia técnica, fue en el sexto, de nombre «Callado», donde se rompió la tarde.
Con el ruedo convertido en un lodazal y la lluvia arreciando, Jiménez entendió a la perfección al noble ejemplar de César Rincón. El toro, que tuvo la virtud de la fijeza y la humillación que le faltó a sus hermanos, permitió al de Espartinas coser series al natural de una profundidad pasmosa. Hubo temple, mando y esa cintura que acompaña el trazo largo. La estocada fue el broche de oro para una faena de dos orejas incontestables que le abrieron la Puerta Grande en su presentación.
El capítulo más dramático lo escribió el torero de la tierra. José Arcila salió a revienta calderas, recibiendo a su primero a portagayola, una declaración de intenciones que pronto se tornó en tragedia. El toro, complicado y con sentido, le hirió durante la lidia.
Lejos de amilanarse, y con la taleguilla tinta en sangre, Arcila se mantuvo en el ruedo con una dignidad conmovedora. Despenó al animal de una estocada entera que el público, sensible al esfuerzo titánico del paisano, premió con una oreja de peso. El drama continuó cuando, tras pasar por la enfermería, intentó salir a lidiar al quinto, aunque su condición física le obligó a regresar a manos de los galenos. Una tarde de raza torera que Manizales no olvidará.
Abrió plaza el veterano Antonio Ferrera, quien pechó con el peor lote de un encierro de Las Ventas (propiedad del maestro César Rincón) que decepcionó profundamente por su falta de raza y fuerzas. El extremeño, todo oficio y entrega, intentó sostener a dos animales que se derrumbaban o se defendían con genio manso. Hubo destellos de su tauromaquia bulliciosa y creativa, pero sin materia prima, la obra fue imposible. El público, sabio, silenció su labor reconociendo que no había agua que sacar de ese pozo seco.
Corrida de Toros :
Manizales (Colombia):
Entrada : Casi lleno.
Toros : Las Ventas del Espíritu Santo.
– Antonio Ferrera : Oreja y Silencio tras aviso.
– José Arcila : Silencio tras aviso y Oreja.
– Borja Jiménez : Ovación y Dos orejas.
Fotografías : Plaza de Toros de Manizales.
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