Ana Romero exige y responde : Morenito torea con poso y Molina deja naturales de oro

Última actualización: 3 de agosto de 2025Por

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El primero de Ana Romero, bien hecho aunque sin mucha cara, salió con nobleza medida y fuerza justa. Morenito de Aranda lo saludó con buenas verónicas de recibo, templadas, con ese sabor clásico que le brota sin esfuerzo. Toreo de manos bajas y compás abierto, como quien quiere marcar desde el principio el tono de la tarde.

En varas, Héctor Piña dejó un único puyazo, consciente de que el toro no pedía castigo, sino respeto. El arandino brindó a Joxin Iriarte, figura querida en Azpeitia, y comenzó una faena de pulso y firmeza. Lo llevó por abajo y por alto hasta los medios, y allí empezó a jugar con las alturas, midiendo al toro y midiéndose a sí mismo.

El toro fue pronto, con embestidas limpias pero exigentes, pidiendo colocación y largura en el trazo. Morenito de Aranda se fue creciendo, y lo que empezó como faena de tanteo se convirtió en una obra de poder sereno. Muletazos limpios, largos, con mando, mostrando la gran capacidad del burgalés ante un toro que no regalaba nada.

Fue faena de torero en gran momento, de oficio y temple, ante un animal que pedía estar preparado para aprovechar sus buenas embestidas. Finalizó por ayudados por alto, con elegancia y serenidad. Pinchazo y estocada. Vuelta al ruedo, justa y sentida, por una faena de verdad ante un toro que exigía torero.

El segundo de Ana Romero, mejor hecho que su hermano anterior, salió con más presencia y fue recibido con una larga cambiada de rodillas que marcó el tono valiente de Damián Castaño. En varas, Javier Martín no se excedió, midiendo con inteligencia la condición del toro.

Castaño brindó a Julián Guerra, y con la muleta hilvanó un inicio importante, alternando por alto y por abajo, con pulso firme y temple. En los medios, la faena tomó vuelo: el toro embestía con calidad, repitiendo con ritmo y nobleza. Castaño lo entendió desde el principio, apenas le perdía pasos en los derechazos, y fue construyendo una faena maciza, de torero curtido y sereno.

Con la mano izquierda hubo momentos de altura, aunque el toro cambió: menos calidad, más exigencia. Castaño se mantuvo firme, cruzado, y sacó muletazos de mérito, mostrando oficio y capacidad. Finalizó por ayudados por alto, cerrando una obra sólida y medida. Pinchazo y media estocada, necesaria de descabello. Silencio para una faena seria marrada con el acero.

El tercero de Ana Romero salió con presencia, aplaudido por los tendidos por su estampa bella. Pero no permitió el lucimiento a José Fernando Molina en el capote, negando el adorno desde el primer compás. En varas, Cristian Romero dejó un puyazo en el sitio, medido y eficaz.

Con la muleta, el toro no regaló nada. Embestía con dificultad, se revolvía al final del trazo, y cada pase tenía que ser arrancado con pulso y colocación. Molina aguantó el tipo, firme, sereno, sabiendo entender al toro y tocando las teclas precisas para que la faena tuviera contenido.

Lo llevó largo por naturales, con los riñones encajados, dejando pasajes de mérito y poder. Faena de torero que no se arredra, que sabe que el triunfo no siempre viene envuelto en belleza, sino en dominio. Finalizó por naturales ayudados, cerrando una obra de firmeza y entrega.

Con la espada dejó un pinchazo y una estocada casi entera tendida, luego otro pinchazo y descabello certero a la segunda. Ovación con saludos, más por la condición del toro que por la faena, que tuvo poder y verdad ante la dificultad.

El cuarto de Ana Romero fue recibido con aplausos por su presencia seria y armónica. Morenito de Aranda lo saludó con un ramillete de verónicas de gran belleza, templadas, con cadencia, que pusieron en pie al coso de Azpeitia. Toreo de recibo con sabor, como quien sabe que la estética también emociona.

En varas, Sayago dejó dos puyazos: el primero, apenas un picotazo; el segundo, más severo, marcando el tono de una lidia que pedía medida. Morenito brindó al público y tomó la muleta con pulso firme, iniciando una faena de hondura, con trazos largos y mando.

El toro embestía cabeceando, incómodo, pero el burgalés supo someterlo, bajándole la mano y llevándolo hasta el final. Los naturales fueron por abajo, encajado, con el cuerpo entregado y el alma serena. Faena de torero con oficio, de quien sabe leer la embestida y escribir sobre ella con temple.

El final por ayudados por alto tuvo muchos quilates, cerrando una obra de mérito y torería. Pinchazo y estocada contraria. Oreja, premio justo a una faena de poder, oficio y belleza medida.

El quinto de Ana Romero salió con poder y buenas embestidas desde el inicio. Damián Castaño lo saludó con verónicas de buen trazo, templadas, y remató con una media mirando al tendido, como quien sabe que el toreo también se mira de frente. Toreo de personalidad desde el primer lance.

Adrián Majada dejó un puyazo sutil, respetando la condición del toro. Con la muleta y la montera puesta, Castaño inició una faena de pulso firme, donde las series fueron cortas, sin buscar someter en exceso, pero sí dejando profundidad y sentimiento. Faena de torero con personalidad, que sabe que no todo se mide en largura, sino en verdad.

El toro, bravo y codicioso, exigía colocación y temple. No fue sencillo, pero tuvo emoción hasta el final. Castaño puso alma en cada pase, toreando con respeto y entrega, como quien dialoga con la bravura sin levantar la voz. Se quitó la montera para entrar a matar, como quien se quita el sombrero ante el rito mayor. Tres pinchazos y una estocada contraria. Con el descabello, tres intentos antes del acierto. Silencio tras aviso.

El sexto de Ana Romero, bien armado, fue recibido con verónicas templadas por Molina, que volvió a mostrar lucidez con la capa. En varas, el paso por el caballo fue sutil, medido, con Agustín Moreno administrando con pulso la escasa fuerza del animal. Desde el primer muletazo se vio que Molina no fue afortunado en el sorteo: el toro carecía de movilidad, sin entrega ni ritmo, y exigía mando más que inspiración. El albaceteño, consciente de que no había espacio para el lucimiento, mandó parar la música con torería, como quien sabe que el arte no se fuerza, se respeta.

Todo lo puso él. De nuevo sacó a relucir su mano izquierda, con gusto y los riñones encajados, como ya hiciera en su primer toro. Toreo por encima de las condiciones del animal, que fue el más deslucido de la tarde. Faena de torero que no se rinde, que busca la belleza donde no la hay. Finalizó por naturales a pies juntos, hondos, hasta el final de la cintura, como quien quiere cerrar con dignidad lo que empezó con entrega. Estocada algo contraria. Oreja, premio al mérito, al gusto, y a la poderosa mano izquierda.

Corrida de Toros :
Azpeitia (Guipúzcoa):
Entrada : Dos tercios.
Toros : Ana Romero : De buena presencia e interesante juego.
– Morenito de Aranda (Que sustituía a Jesús Enrique Colombo): Vuelta al ruedo y Oreja.
– Damián Castaño : Silencio y Silencio tras aviso.
– José Fernando Molina : Ovación con saludos y Oreja.
Por Aitor Vian
Fotografías : Azpeitia Toros.

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