Álvaro Lorenzo pide paso en Toledo: Épica, raza y tres orejas en una encerrona solidaria condicionada por los aceros
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Diez años de alternativa no se cumplen todos los días, y Álvaro Lorenzo decidió celebrarlo ayer en su tierra echándose a la espalda el peso de seis toros de distintos encastes. Una gesta que iba mucho más allá del triunfo personal: era un pulso a su propio momento profesional y un abrazo solidario a la Fundación del Hospital Nacional de Parapléjicos.
La tarde estuvo marcada por la madurez de un torero que exige su sitio en las ferias, pero también por el eterno talón de Aquiles de nuestra fiesta: la espada. De no haber fallado con los aceros, estaríamos hablando de una tarde de tintes históricos en el coso toledano, pues el toreo fundamental del diestro rayó a un nivel altísimo.
El abrelata de Alcurrucén tardó en enterarse, pero cuando Lorenzo le cogió el ritmo por el pitón izquierdo, demostró el poso que atesora. Faltó redondez, pero hubo firmeza (ovación). Con el segundo, un Miura deslucido y falto de entrega, el toledano tuvo que tirar de oficio y paciencia frente a las nulas opciones de lucimiento, saludando otra ovación tras escuchar un aviso.
La tarde rompió de verdad en el tercero. El de Victoriano del Río, encastado y con transmisión, permitió a Lorenzo ajustar los muletazos. Hubo ligazón, ceñimiento y largura en los trazos, aunque el viento (invitado molesto durante toda la tarde) provocó algún enganchón. Dejó una estocada efectiva y paseó la primera oreja de la tarde.
El trasteo al cárdeno de Victorino Martín que hizo cuarto tuvo mucha miga para el buen aficionado. El de la A coronada humillaba una barbaridad por el pitón izquierdo, pero pedía los papeles por el derecho. Lorenzo planteó una faena técnica, dándole la distancia y la altura perfectas, tocando con sutileza y tragando mucho al natural. Faena de torero cuajado que, de nuevo, el acero dejó en palmas tras aviso.
El cénit de la tarde llegó en el quinto, un ejemplar de El Freixo que, pese a su tendencia a rajarse, tuvo una clase infinita en sus embestidas. Álvaro Lorenzo lo recibió con un precioso quite por tapatías tras saludarlo de hinojos a la verónica. Con la muleta, el toledano firmó los pasajes más rotundos de la tarde. El toreo al natural fue excelso, profundo y encajado, rematado con cambios de mano de cartel de toros. El trasteo tuvo aroma a toreo caro. Esta vez sí, la espada viajó certera y cortó dos orejas de ley.
Con la Puerta Grande ya asegurada, salió el cierraplaza de Garcigrande. Fue un animal manejable con el que Lorenzo volvió a mostrar una tremenda disposición y firmeza. Se vació en una faena abundante que culminó con un tremendo susto: al entrar a matar dejando media estocada, el toro lo prendió propinándole una fea voltereta. Se repuso el toledano sin mirarse, pero el descabello se atascó, escuchando dos recados presidenciales antes de que cayera el animal.
Al final, la salida a hombros puso el broche de oro a una tarde titánica. Álvaro Lorenzo demostró ayer en Toledo que tiene sitio, capacidad y un temple prodigioso. La gesta solidaria fue un éxito rotundo; ahora solo falta que los despachos tomen nota.
Fotografía : Luis Muñoz.
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