Actitud torera de Ginés Marín y raza inquebrantable de Aarón Palacio en el arranque de La Magdalena

Última actualización: 11 de marzo de 2026Por

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Arrancó la Feria de la Magdalena 2026 en Castellón con una de esas tardes donde el aficionado espera mucho de la bravura cárdena de La Quinta, pero donde los astados terminaron pidiendo el carnet a los actuantes. Con una corrida noble pero muy medida de raza y que se fue apagando como una vela, tuvo que ser la disposición y la firmeza de la terna la que pusiera el picante en el albero castellonense.

Ginés Marín venía a Castellón con el cuchillo entre los dientes. Fuera de los primeros grandes abonos de la temporada (como Valencia, Sevilla o Madrid), el extremeño llegaba con la necesidad de reivindicarse y hablar en el ruedo. Y vaya si lo hizo. Se mostró templado, muy asentado y entendiendo a la perfección los tiempos y las alturas que exigían sus oponentes. Ante su primero, Tomillero, dejó aromas de su buen corte, aunque el animal se durmió pronto. Fue en el cuarto, Bandolero —el toro con más clase y ritmo del encierro—, donde Marín destapó el tarro de las esencias. Hubo muletazos al ralentí, corriendo la mano con suma profundidad al natural y rematando su labor con unos doblones genuflexos y trincherillas con regusto a Ordóñez. A pesar de un pinchazo previo a la gran estocada, paseó una oreja de peso.

El joven aragonés Aarón Palacio demostró que ha venido a esto para ser alguien importante. Se topó con un lote con teclas; su primero, Chaparrito, fue a menos sin entregarse nunca en los chismes. Lejos de arrugarse, Palacio sacó a relucir su raza y un temple encomiable ante el peligro sordo de un astado que terminó buscando. Pagó el altísimo peaje de su entrega con dos fuertes volteretas de las que se levantó sin mirarse la taleguilla, con los pies de plomo y la firmeza intacta. Ese arrojo incuestionable, sumado a la verdad de sus cites, le granjearon una merecidísima oreja en su segundo, logrando calentar unos tendidos entregados a su valentía.

Por su parte, el sevillano Javier Zulueta se llevó la peor parte del sorteo. No encontró opción alguna de lucimiento ante dos animales grises, deslucidos y descastados que acabaron contagiando el aburrimiento a la grada. Aunque lo intentó probando a media altura y dándoles tiempo, los de La Quinta se desentendieron rápido de las telas, topando más que embistiendo. A la nula colaboración de su lote se sumó un desafortunado uso de los aceros, lo que emborronó cualquier atisbo de conexión y le hizo irse de vacío en su presentación en la capital de La Plana, escuchando silencio en ambos turnos.

Corrida de Toros :
Castellón :
Entrada : Media plaza.
Toros : La Quinta.
– Ginés Marín : Ovación con saludos y Oreja.
– Aarón Palacio : Ovación tras petición y Oreja.
– Javier Zulueta : Silencio y Silencio.
Fotografías : Toros Castellón.

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